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2019 no es el “Año del Caudillo del Sur”, es el Año del General Zapata

A cien años de su asesinato ¡Zapata Vive!

Abr. 11. 2019. 10:46
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Idi Media Publicaciones
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Por Raymundo Ortiz Martín del Campo.

“Marx dice que las revoluciones son las locomotoras de la historia. Pero tal vez las cosas sean diferentes. Quizá las revoluciones sean la forma en que la humanidad, que viaja en ese tren, acciona el freno de emergencia”
Walter Benjamin.

Si me permitiera sospechar que alguien de carne y hueso inspiró la frase de Benjamin que arriba he transcrito, apostaría a que fue el general Emiliano Zapata y el Ejército Libertador del Sur. Cuando el régimen porfirista se entregaba el desbocado progreso positivista enunciando por todas parte que México era un país moderno, con su lema de “Orden, Paz y Progreso” (frase que aun decora la bandera de Brasil) que este ara un país lleno de locomotoras, haciendas, minas y una industria incipiente. El desarrollo económico y tecnológico progresaba como progresa un cáncer en el cuerpo. Analfabetismo, desnutrición, despojo, violencia y represión era el costo del desarrollo del liberalismo económico en nuestro país. La revolución de Zapata la social, no la electoral de Madero, la de “La tierra es de quien la trabaja” de los campesinos del sur, no la de “Sufragio efectivo no reelección” de la burguesía industrial norteña, fue la revolución que surgió para ponerle freno a una locomotora que se dirigía a un abismo.

Zapata, el hombre, fue cobardemente asesinado por el gobierno de Carranza. Zapata, el de carne y hueso, el que no se rindió jamás, el que tradujo al náhuatl el plan de Ayala, el que era tan local para gritar “Pueblos sí, haciendas no” y tan internacional para gritar “Tierra y Libertad”. Zapata, el hombre íntegro que ni de broma se sentó en la silla presidencial. El general sin mas carrera militar que haber sido soldado de leva purgando una pena por desorden público, pero guerrero capaz de organizar un ejército y alzar al pueblo. El líder revolucionario sin instrucción formal alguna, pero conocedor de la tradición originaria que lo nombró calpuleque. El calumniado como “Atila del sur”. De ese, su sangre quedó regada en Chinameca y su cadáver exhibido para después quererlo poner junto a sus asesinos en el monumento a la revolución, para institucionalizar al rebelde.

El hombre fue asesinado, pero su legado siguió montando en las llanuras de un país que se niega a ser la hacienda de los ricos. Con zapata se integró la dignidad a la teoría política y revolucionaria atribuyéndole la frese “Es mejor morir de pie que vivir de rodillas” Desde Jaramillo hasta el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, pasando por Lucio Cabañas, Zapata se convirtió en un ícono revolucionario. Aun cuando la influencia marxista se hizo más fuerte en la izquierda mexicana, nunca se remplazó al charro del sur por ningún bolchevique. El símbolo de los mexicanos rebeldes es de bigotes largos y mirada profunda salida de oscuras ojeras. Don Efrén Capiz y Doña Evita con la Unión de Comuneros Emiliano Zapata mantuvieron como símbolo del agrarismo al general del sur y no a un Cárdenas. La primera Guerrila antiglobalización del mundo se auto determinó Ejercito Zapatista de Liberación Nacional.

En Estos momentos de nuestra historia el pueblo mexicano vuelve a ser traicionado desde la presidencia que continua con la política neoliberal. Y surge la resistencia en lucha contra la termoeléctrica en Morelos y contra el tren Maya; las comunidades Indígenas luchan por su supervivencia cultural y por la defensa de sus territorios; el México profundo se resiste a la expansión minera y la destrucción del medio. El mismo modelo económico contra el que luchó El general Zapata fue impuesto con el nombre de neoliberalismo y también nos prometió el progreso. Progresando como cáncer ha devastado miles de hectáreas de bosque, ha privatizado empresas nacionales así como ejidos y comunidades. Pero la gente de abajo se organiza y protesta contra esta economía de muerte que se llama capitalismo. Hoy el gobierno federal dice haber terminado con el neoliberalismo pero continúa con las mismas prácticas solo que ahora llamadas de “la cuarta transformación”. Otro morelense fue asesinado, se oponía al megaproyecto de AMLO y lo manifestaba en su programa de radio.

Hoy en día, tras cien años del cobarde asesinato del general Zapata, mi general, mío y de todas y todos los mexicanos de abajo y a la izquierda, es un compromiso, una postura vital y una aceptación de nuestra condición histórica levantar el puño en alto para gritar ¡Zapata Vive, La Lucha Sigue!