El baile del desabasto

El baile del desabasto

Ene. 09. 2019. 18:36
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Rodrigo Caballero Díaz
Rodrigo Caballero Díaz
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Morelia.- “Ya mejor que no venga la pipa”, gritaron desde el público luego de dos canciones interpretadas por la Banda la Cruz de la Candelaria, para ese momento la crisis del desabasto de gasolina se había transformado en fiesta.

Los músicos se quedaron con la ilusión de encontrar gasolina en la estación de servicio de la avenida Nocupétaro casi llegando a la avenida Morelos Norte, ahí la fila ya alcanzaba cuatro cuadras desde las 18:00 horas y así duró hasta las 2:00 am del día siguiente.

La banda venía de la Ciudad de México y se quedó sin combustible por lo que durante la noche comenzaron a tocar para abatir el aburrimiento tras horas de rogar que llegara una de las 12 pipas que todo Morelia estaba esperando.

Al final del día solamente 3 de ellas arribaron a la capital michoacana, las demás quedaron resguardadas en la subestación de Petróleos Mexicanos (Pemex) del municipio de Tarímbaro, pero la gente seguía con la esperanza de que aparecieran, alimentada por las redes sociales y las noticias que difundieron las fotos de la caravana en la carretera.

“¡Ahí va la gasolina Morelia!”, gritó una mujer en un video que se difundió en Facebook, Twitter y Whastapp, todos lo creímos sin cuestionar si las pipas iban en verdad a Morelia, si traían gasolina o diesel o si quiera iban cargadas.

Bailando con el bidón.

Hasta el empresario gasolinero Mauricio Prieto se fue con la finta y confirmó a medios de comunicación que las 12 pipas iban a llegar, pero nada, al final del día el combustible seguía escaseando y casi todas las gasolineras del municipio tenían filas enormes de gente que corrió a buscar combustible.

“Venimos desde Santiaguito porque nos dijeron que aquí había gasolina”, dijo un señor que estaba en la fila que tardaban horas en moverse, no porque estuvieran despachando sino porque los que estaban esperando se desesperaban y se iban.

“Todavía tengo medio tanque, la verdad mejor me voy y regreso mañana”, dijo una mujer que ni siquiera traía su Honda Accord gris, prefirió dejarlo en su casa para ahorrar combustible y moverse en combi con un bidón de 20 litros.

Ella dijo que mejor se iba como a eso de las 19:00 horas, seis horas antes de que empezara a tocar la banda, se despidió de sus nuevas amigas que ya estaban en pijama y traían colchas y almohadas en sus camionetas, listas para pasar la noche en sus carros.

Los carros que siguieron en la fila se mantuvieron por horas sin moverse muchos metros, algunos se movían de sus vehículos para ir a comprar café para aguantar la desvelada y otros se quedaban dormidos mientras la fila avanzada.

Una mujer despertó de pronto y vio que la fila ya había avanzado, arrancó su carro y atropelló un bidón vacío que estaba enfrente de ella, afortunadamente el dueño del recipiente no estaba presente y ella solamente lo acomodó frente a su carro.

Tres hombres estaban en la fila que ya dejaba de ser recta y comenzaba a serpentear por las calles del Centro Histórico de la ciudad de Morelia, de repente notaron la ausencia de un cuarto que había desaparecido.

-¿Dónde anda aquel? –preguntaba alguno de los automovilistas

-¿Quién sabe? Se ha de haber ido con las cariñosas –dijo haciendo referencia a las prostitutas transexuales que trabajan en la esquina de Guillermo Prieto y García Pueblita, luego del comentario los tres automovilistas soltaron carcajadas.

Horas más tarde las mujeres en pijama, los hombres de las cariñosas, la señora del bidón y varios de los automovilistas se unieron a la fiesta, la Banda La Cruz reunió a todos con su música y el baile se armó entre las bombas inertes de gasolina.

La fiesta se pudo llevar a cabo en esta estación de servicio porque no apagó las luces como lo hicieron decenas de locales en todo Morelia en cuanto les avisaron que las 12 pipas nunca iban a llegar.

Cerca de las 19:00 horas, los despachadores de otras gasolineras informaron a los cientos de automovilistas que el preciado hidrocarburo no iba a aparecer ni hoy ni mañana, no había certeza de cuándo se restablecería el servicio.

Muchos se fueron en ese preciso instante, las filas cuidadosamente establecidas se descontrolaron, por la ciudad comenzaron a circular carros que tenían números escritos con plumones en los parabrisas “442”, “122”, “289”, todos ellos huyendo de las filas que solamente les hicieron perder el tiempo.

“El que se fue a la Villa perdió su silla”, dijeron los demás y empezaron el cuidadoso reacomodo de las filas a la luz de los celulares porque las luces de Pemex, G-500 y Repsol se habían apagado.

La de Nocupétaro fue una de las pocas que mantuvo la esperanza de que las pipas llegarían, las luces de Pemex siguieron brillando hasta la madrugada y entonces fue cuando la banda salió a amenizar el desabasto, los músicos bailaron “de a cartoncito” con bidones y garrafas.

Media hora después, cuando la banda se despidió el público pidió otra canción, alguna de Chalino Sánchez, de Joan Sebastian, de Ramón Ayala, de Vicente Fernández; algo que ayudara a seguir la fiesta en lo que llegaban las pipas.

Pero no fue necesario, al final de la última canción se abrió el cielo y una pipa llegó a la estación de Pemex y todos los asistentes a la fiesta del desabasto salieron con sus garrafas llenas y sus tanques a la mitad.