La Ronda P´urhépecha: Sistema de Seguridad Ancestral

Abr. 06. 2020. 16:11
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Pável UIiánov
Pável UIiánov

Las Rondas Comunitarias, son históricas, legales, legitimas y una expresión de soberanía popular, son fuerzas de seguridad históricas de las comunidades originarias de Michoacán, mantienen una vigencia de más de 500 años, representan una visión de mundo prehispánica, y en tiempos contemporáneos, constituyen una forma de autodeterminación, autogobierno y soberanía indígena.

Antes de la Conquista, los pueblos originarios en el estado se organizaban comunalmente por medio de barrios para la defensa o la guerra entre los Señoríos, la organización barrial era vital, tanto para la conformación del ejército p’urhépecha, como para su división y distribución durante la guerra. A través de la representatividad de los barrios se reclutaba a los guerreros P’urhépecha, y durante la batalla, eran divididos en barrios o pueblos (Fuente: Guerra, Conquista y Técnicas de Combate entre los Antiguos Tarascos/ Martínez Roberto).

Lo anterior, también se ilustra en el libro Relación de Michoacán, Tercera Parte, Capítulo V, donde se describe la organización por barrios para la guerra: “A cada uno de estos valientes hombres encomendaban un barrio, que era como capitanía, y iba con cada barrio un principal que llevaba la cuenta de cada barrio y conocía los vecinos de él. Iban a esta conquista los de Michoacán y los chichimecas y otomíes que el cazonçi tenía sujetos y matlazincas…Y enviaba el cazonçi con toda la gente su capitán general…” (Como Destruían o Combatían los Pueblos/Alcalá Jerónimo).

De igual forma, es preciso recordar el singular modo de producción prehispánico p’urhépecha, su división social del trabajo, pues antes del arribo de los españoles, se organizaban de manera comunal para la producción por medio de “gremios”, registrándose por lo menos 28 grupos ocupacionales, entre ellos los campesinos, cazadores, pescadores y artesanos, ésta particular forma de organización social, funcionaba también para su ejército p’urhépecha (Los Tarascos/Bartra Roger).

Posteriormente, durante la Colonia, las Rondas fueron institucionalizadas en Michoacán durante las llamadas “Repúblicas de Indios”, la cual se estableció en territorios densamente poblados por indígenas, funcionando por un tiempo, una especie de sincretismo entre autoridades españolas e indígenas. Bajo este marco, para mantener la “buena gobernación“, los dirigentes indígenas institucionalizaron las Rondas Comunitarias, denominándose de diferente manera: Ronda de Noche, Ronda de Vigilancia, Ronda Comunitaria, entre otros nombres.

A continuación, durante la Revolución, un ejemplo pragmático de la defensa por medio de las Rondas, se dio en la comunidad de Tarejero, Municipio de Zacapu, donde en 1910 Juan C. de la Cruz organizó la defensa de la comunidad y se sumó a las filas de la rebelión, destacándose en combates en Tiripetío y Acámbaro. Referentes empíricos del carácter combativo de este pueblo p’urhépecha de la Ciénega de Zacapu, son los fortines construidos en la comunidad, en la actualidad permanecen 3 de los 7 fortines edificados (Tárhexeru/Guzmán Cuauhtémoc).

En tiempos contemporáneos, el ejemplo más lúcido de la defensa a través de la Ronda Comunitaria, es la protección de los bosques y de la comunidad que realizó el pueblo de Cherán K´eri, quienes expulsaron de su territorio no sólo a los criminales de la delincuencia organizada, sino a los integrantes del gobierno municipal que los solapaban. En su caminar, conformaron su Ronda Comunitaria, dividida en Ronda del Pueblo y Ronda del Monte, y en el devenir histórico, establecieron los más bajos índices de delincuencia en todo Michoacán y se convirtieron en ejemplo de rebeldía y dignidad.

“Hay otras tantas que libran una batalla cotidiana, en un contexto de ausencia de Estado. Así lo han hecho las comunidades de Nurío, Arantepacua, Ostula y otras más, que han revitalizado y fortalecido sus formas internas de organización de seguridad comunal” (Seguridad, Estado y Rondas Comunitarias / Munguía Jesús).

A través de los años, en las comunidades originarias p’urhépecha prevaleció el concepto de Ronda para referirse a sus propios órganos de seguridad, y desde tiempos inmemoriales, en las comunidades p’urhépecha defienden a su familia, patrimonio, recursos naturales e identidad por medio de las Rondas Comunitarias, en sus propias palabras, “policía es la que pone el gobierno, la ronda surge del pueblo”.

“Esta práctica comunal no emerge dentro de un vacío histórico ni tampoco representa una ocurrencia contemporánea de las comunidades indígenas. Este es un concepto cotidiano para las comunidades el cual está profundamente arraigado en las prácticas de seguridad y protección que datan del antiguo Estado P’urhépecha y que aún se encuentran vigentes dentro de la estructura organizativa de las comunidades indígenas” (La ronda comunitaria como un modelo de organización comunal y encarnación de la autonomía indígena / Gutiérrez Sandra).

El concepto de “policía” como hoy lo conocemos, surge con las Revoluciones Burguesas en el siglo XVIII, en concreto, germina en Francia con la creación del Ministerio de Policía en 1796. El concepto de Ronda proviene de la acción de rondar, es decir, donde un grupo de personas circulan inspeccionando determinada área o lugar.

Las Rondas Comunitarias son legales porque encuentran fundamento en los artículos 2 y 39 de la Constitución Política de los Estado Unidos Mexicanos, en los artículos 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9 del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, en los artículos 3, 4, 5 y 20 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, y en el artículo 3 de la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Michoacán de Ocampo, así mismo encuentran eco en los Acuerdos de San Andrés, en suma, ponen en práctica su derecho a la autonomía, autogobierno y libre autodeterminación.

Por otro lado, las Rondas Comunitarias son legítimas porque surgen debido a la incapacidad del gobierno Federal y Estatal para proporcionarles seguridad y paz social, así mismo, cabe mencionar que la máxima autoridad de los pueblos originarios, que es la Asamblea General, las convoca, respalda, evalúa y sanciona, es decir, es legitimada por la mayoría de los habitantes de cada pueblo o región.

Las rondas comunitarias son la solución a un contexto históricamente violento y discriminatorio hacia los indígenas, mantienen una visión más integral de los conflictos y logran una resolución más satisfactoria de estos, dicho de otra forma, resuelven el problema de inseguridad, pues disminuyen hasta un 90% los índices de delincuencia, controla la infiltración del crimen organizado, limita la tala ilegal de los bosques, constituye un mecanismo de defensa de los bienes comunales y se encuentra íntimamente ligada a las prácticas de autonomía.

En conclusión, las prácticas autonómicas de los pueblos originarios, nos están mostrado el camino hacia nuevas formas de convivencia humana y mirando más allá, hacia nuevas formas de soberanía popular.

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