La vida sin muerte no tiene sentido.

Abr. 30. 2020. 12:18
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Santiago Roel Rodríguez
Santiago Roel Rodríguez

Los sistemas complejos se auto-ordenan y el cuerpo humano es un sistema complejo. Nuestro cuerpo es el que sana, cuando ya no es capaz de recuperar el equilibrio, no hay medicamento o tratamiento que pueda mantenernos vivos.

Además del sistema biológico tenemos un sistema cultural, un aprendizaje colectivo de muchas generaciones que nos ayuda a adaptarnos al medio ambiente con lo mismo: prueba, error y aprendizaje.

Las reglas culturales no siempre nos parecen lógicas, porque la razón está oculta en la iteración en el tiempo.

¿Quién creen que tienen más probabilidades de sobrevivir en el ártico, un grupo de científicos ilustres o un grupo de esquimales?

¿Por qué se nixtamaliza el maíz para consumo humano?

La inteligencia entonces, es del sistema, de lo colectivo, de la experiencia, y el triunfo siempre es colectivo, aunque haya muchas derrotas individuales.

El equilibrio es dinámico y en constante cambio. Los sistemas son anti-frágiles -capaces de sobrevivir cambios catastróficos- no cuando se aferran al equilibrio existente, sino cuando son capaces de adaptarse a las nuevas condiciones con rapidez.

El enfoque científico intenta simular el proceso natural: pone a prueba alternativas y aprende de los resultados con observación y medición.

La medicina intenta ser científica y efectiva. No siempre lo es porque como todo, también está limitada por intereses, supuestos equivocados y dogmas, pero sobretodo porque el cuerpo humano es un sistema complejo y la ciencia no siempre entiende bien los sistemas complejos.

Después de la buena genética y los buenos hábitos, la medicina es lo mejor que tenemos a la mano, siempre y cuando entendamos que el cuerpo es el que sana y que nuestra capacidad de entender sistemas complejos es muy limitada.

El sistema inmune es anti-frágil, siempre está alerta, siempre esta aprendiendo y siempre está probando. Insisto, a veces la derrota del sistema es individual, pero el sistema inmune colectivo siempre triunfa. Si no fuera así, ya no estaríamos aquí.

Se estima que la Influenza Española (1918-19) infectó al 27.8% de la población y causó la muerte del 10% de los infectados. Eso equivale a 50 millones de muertes o el 2.7% de la población mundial de aquel entonces. Una gran tragedia para el 2.7% de la población, pero un gran triunfo para el 97.3% restante.


Hoy nos dicen:

No salgas, usa mascarilla y lávate las manos. Bien, ante el desconocimiento del impacto de la pandemia, pues es lo correcto. ¿Pero hasta cuándo y a qué costo? ¿Todos debemos aislarnos o sólo los más vulnerables? ¿Las pruebas son confiables, hasta qué punto? ¿Cuándo estarán listas las pruebas de inmunidad?…porque hay muchos que ya les dió y esos no deben estar aislados.

¿Qué es lo que no suele decirse o entenderse?

Que la mejor “vacuna” es la capacidad de respuesta del sistema inmune, que todos nos vamos a contagiar, que muchos ni nos daremos cuenta y que nuestro sistema nos va a crear inmunidad de manada. No se entiende porque la medicina está reconociendo sus límites y la capacidad de auto-ordenamiento del sistema complejo y eso no le gusta al público. No se entiende porque no quiero ser el que saque la “bola negra” en la lotería. No se entiende porque la medicina se mezcla con la política.

No se entiende porque estamos atemorizados y esperamos que el dios-ciencia nos dé respuestas más certeras y tranquilizantes. No se entiende porque lo que están haciendo es tratar de controlarnos como medida de reducción de daños, no de cura.

El ser humano no es muy racional y menos, cuando está atemorizado.

Ayer subí un video controversial porque daba un punto de vista diferente al convencional. No es la única opinión diferente, hay muchas, es parte del proceso de aprendizaje científico.

Youtube lo bajó no porque cuestionara los supuestos médicos, sino porque cuestionaba el impacto económico, social y político de la contingencia y se hizo viral. Si no se hubiera hecho viral, ahi estaría. Así es, los virus informáticos también nos asustan.

Su supuesto era que el COVID-19 era similar en impacto a la influenza y por ende, no merecía todo este costo social.

La reacción fue fuerte por algunos: que era una teoría conspiracionista, que los médicos no eran medicos, que la estadística estaba mal planteada (dicho no por ellos sino por otros) y que yo era un irresponsable, en el mejor de los casos y un tarado, en el peor escenario.

Si alguien teme por su vida o la de otros, no está dispuesto a escuchar. Es la reacción de una manada ante el temor, es la reacción de una masa ante un incendio, pero siempre es bueno ubicar la salida de emergencia antes de correr.

Sin descartar que los del video y yo seamos unos tarados o irresponsables. Yo no estoy atemorizado y sí puedo cuestionar la política de salud predominante. Tampoco tengo posturas, máscaras o intereses que defender. A la ciencia no le interesa tú o mi verdad, sino la verdad.

A mí ya me dio. Pensé que era una infección como las que suelen darme en el cambio de temporada, quizá un poco más intensa, pero tuve todos los síntomas: un poco de fiebre (a mi no me da fiebre nunca), dolor de cabeza muy fuerte (es muy raro que me duela la cabeza), dolores musculares intensos, congestión, tos y pérdida del olfato por varios días.

Con lo viral, mi cuerpo pudo, aunque el doctor me recetó desinflamatorio para las vías respiratorias que mucho me ayudaron. Y al final, me quedó una infección bacteriana que el antibiótico me ayudó a resolver.

Conozco a varios que vivieron el contagio sin darse cuenta , gente que a diferencia mía, no le pegan las gripes mas que con un leve dolor de garganta.

Conozco a varios que han muerto. No estoy minimizando riesgos pero no estoy atemorizado. Por dos razones, porque ya lo viví y porque la muerte ya no me quita mucho el sueño. Suficientes crisis he tenido en mi vida, algo he aprendido.

La pandemia está poniendo a prueba muchas cosas pero sobretodo, todos los padecimientos crónicos que tenemos en lo individual y en lo colectivo. El mas fuerte quizá es el temor con el que vivimos.

Veo gente muy atemorizada actuando irracionalmente y veo sistemas políticos de igual manera.

Nos viene una crisis social y económica profunda, y muy probablemente, una crisis política.

Finalmente, en salud como en política, lo agudo hace evidente lo crónico. Las crisis siempre ponen a prueba a los sistemas y siempre obligan a cuestionar y a resolver con un nuevo orden complejo.

Lo que tiene que morir va a morir para que nazca lo que tenga que nacer. Así se auto-ordena el sistema. Ese es el triunfo de la biología, de la cultura y de lo colectivo. Como decía Victor Frankl, la vida sin muerte, no tiene sentido.

Aprovechen el confinamiento para cuestionarse todos sus temores. Veanlos de frente, con valentía, con racionalidad, con compasión y con consciencia porque todos esos temores irracionales o racionales les impiden vivir en paz y darle un sentido positivo a sus vidas.

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