Las familias que viven la muerte

Las familias que viven la muerte

Nov. 05. 2018. 12:32
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Heriberto Paredes
Heriberto Paredes
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Pátzcuaro.- Gerardo, hijo mayor de doña Eulalia y quien vive en Los Ángeles, California, nos cuenta que este es el primer altar de su madre. Señala el pan de muerto con forma humana y que tiene el nombre de ella grabado en la parte baja. Cuenta, también, que en la ofrenda se colocan jabón y toalla para que el ánima se dé un baño antes de regresar al inframundo, una silla cómoda para descansar cuando llega de visita y todas las cosas de comida que le gustaban en vida: refrescos, calabazas, chayotes, dulces, frutas y flores. Así celebraron estas fiestas en San Bartolo Pareo, municipio de Pátzcuaro.

 

A unos metros de la casa en la que se coloca por primera vez la ofrenda, don Benigno canta y toca la guitarra para un grupo de visitantes de otros países; su hijo los ha traído porque es guía de turistas en la región y cada año organiza una cena en su casa para mostrarles algunas tradiciones a las personas que vienen de lejos, pero que aún siguen en este mundo.

 

Así que una larga mesa despliega ollas de atole y ponche, cazuelas de mole y arroz y unas bandejas de tamales y corundas aguardan a más visitantes. Doña Gloria, su esposa y comandante de esta casa comenzó a cocinar desde un día antes. Los dos son aries y sonríen todo el tiempo, platican y hacen bromas, muestran la hospitalidad de los pueblos que abren las puertas de su casa para que las ánimas y quien así lo desee llegue y visite. Y conozca.

 

En la comunidad de Arocutin, municipio de Erongarícuaro, el panteón se encuentra en el atrio de la iglesia, dedicada a Nuestra Señora de la Natividad desde su construcción a finales del siglo XVI. Es como una escena de cine: las luces de las velas potencializan los colores naranjas y amarillos de las ofrendas, pareciera un gran bracero encendido. El olor no es menos llamativo, huele a tierra y a flor de cempasuchitl.

 

Cada cierto tiempo suena una letanía de campanadas y las familias que rodean las tumbas comparten el café, un cigarro, un pan, tamales y el frío que arrecia al amanecer. Cuando el cielo comienza a tornarse violeta, el lago se dibuja en el horizonte. Al inicio de la verbena, el uarukua se juega en la plaza central del pueblo, donde niños vestidos con sus trajes regionales se divierten con una blea de juego entre sus pies.

 

Al final de estas fechas, las costumbres se recrean y adquieren, año con año, nuevos elementos que les aseguran la permanencia.