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El arcángel del Cereso

Sep. 04. 2017. 04:00
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Rodrigo Caballero Díaz
Rodrigo Caballero Díaz
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La Piedad, Mich., a 3 de septiembre de 2017.  Cualquiera que se meta adentro del Centro de Reinserción Social (Cereso) de La Piedad, en el estado de Michoacán, y salude a Miguel Ángel Garibay Zavala pensaría que se trata de un empleado más de esta cárcel de mediana seguridad.

El saludo del entrenador de fútbol de los Halcones del Cereso es fraternal y amistoso, además, el tono respetuoso con el que saluda a la “jefa”, la directora del penal, terminan por confundir a quien es ajeno a esta prisión.

Pero Miguel Ángel lleva 10 años y 9 meses cumpliendo su condena y en ese tiempo ha sido desde cocinero hasta fabricante de balones y, según varios reos, el mejor balonero central que ha tenido el equipo de los Halcones.

Sin embargo, su mejor rol y por el que más lo reconocen es por ser el Arcángel Gabriel de las pastorelas cada fin de año, este fue el papel que lo catapultó entre sus compañeros de celda y por el que lo reconocen incluso en otros centros penitenciarios.

“En algunas partes no me dicen por ni nombre sino me dicen Arcángel Gabriel”, aseguró Miguel Ángel con orgullo.

Dice que le dieron el papel porque fue el que mejor se lo aprendió de memoria pero entre los reos de la prisión y las autoridades del Cereso, Miguel se ha convertido en un verdadero ángel, alguien que ayuda en las labores administrativas del penal y se involucra en todos los cursos y talleres que hay disponibles.

Es parte de los que tienen acceso a las computadoras para revisar los registros de la cárcel para verificar datos, fechas y nombres, además colabora con el área médica y psiquiátrica de la prisión, lo único que no puede hacer es salir de las áreas restringidas.

Miguel Ángel aseguró que, a pesar de todo lo que hace, sigue siendo un interno dentro del Cereso y tiene que pagar su condena de 15 años de prisión como todos los demás reos que purgan su sentencia.

 

Pleito de borrachos

Ya se le olvidó por qué empezó la pelea en la que terminó lanzándole una botella a uno de los contrincantes pero lo que sí recuerda es que le pegó en el pecho y después le dijeron que había muerto por un golpe en la cabeza.

Miguel Ángel dice que era un jugador de fútbol de su barrio con el que se peleó en una borrachera; pero, días antes, en un partido, se había golpeado en la cabeza con el marco de la portería.

Según su testimonio, el joven habría muerto derivado de la contusión que sufrió después de aquel partido pero su cuerpo resistió hasta que estuvo en la pelea con Miguel Ángel, él asegura que estuvo en el lugar y momento equivocado.

“Me declaré culpable porque en aquel tiempo que a mí me detuvieron los golpeaban mucho, los torturaban y todo eso y por miedo de que no me fueran a hacer nada me declaré culpable”, dijo durante la entrevista.

En aquel entonces el Arcángel Gabriel trabajaba como repartidor de refrescos para la Coca-Cola, su empleo le permitía únicamente mantener un flujo constante de alcohol en el organismo, era en lo que más gastaba dinero.

Cuando entró al Cereso de La Piedad no sabía ningún oficio, ahora sabe al menos cuatro y está terminando la preparatoria por que le faltan menos de cuatro años adentro de la cárcel y quiere aprovecharlos para aprender a reintegrarse a la vida en libertad.

“Cuando llegué al centro me dieron la oportunidad de aprender a cocinar, tengo ganas de poner un puesto de tacos, si se puede pues más grande: un restaurante”, dijo el que ahora es conocido como Arcángel Gabriel.

Pero no piensa volver a su antiguo barrio en la ciudad de Zamora, Miguel Ángel dice que es mejor buscar una nueva vida en algún otro lado en donde pueda tener su propia familia y dedicarse a trabajar.

De oídas sabe que en donde vivía ya no hay sembradíos, ahora hay casas y más casas, su madre le contaba cómo se iba modificando su antigua colonia hasta su muerte hace varios años.

La última visita que recibió el arcángel fue hace tres años, cuando una de sus hermanas vino a verlo, desde entonces nadie acude a verlo jugar, ni a los convivios del penal o ni a las representaciones navideñas.

“Fue un poco lastimoso dejar de recibir visitas pero conforme va pasando el tiempo te das cuenta de que es bueno que te dejen de visitar porque te hace un poco más responsable de tu persona, te va abriendo los ojos de que no debes de depender de nadie”, dijo.

Con la frente en alto

Para Evangelina Raya Arreola, directora del Cereso de La Piedad, la reinserción social significa que personas como Miguel Ángel puedan aprender de sus errores y tener una segunda oportunidad.

“(Miguel Ángel) aquí se pudo dar cuenta que tiene que salir y que quiere hacer una familia y quiere poner un negocio, esas son de las satisfacciones que yo me llevo cuando salen en libertad”, dijo la directora.

A pesar de los errores o crímenes que hayan cometido, a Evangelina Arreola lo que le gustaría es que todos los prisioneros salgan con la frente en alto cuando se les otorgue su boleta de libertad.

“Que aquí se pueda dar cuenta del error que tuvo y recapacitara para cuando esté en el exterior si lo hizo y, si no lo hizo, que sea un momento de reflexión que el momento que estén aquí lo puedan aprovechar y cuando salgan tengan una manera de vivir positivamente”, aseguró Raya Arreola.

Ese “momento de pausa” es para el Arcángel Gabriel su mejor oportunidad para aprender a ganarse la vida y salir a buscar una familia y poner un negocio de comida como la que aprendió a hacer adentro de la cárcel.

Cuando se le pregunta si ha valido la pena la última década en prisión y si considera justo haber entrado a ella, el Arcángel Gabriel parpadea, suspira y responde de inmediato.

“Muchas veces suena como hipócrita, me han preguntado los criminólogos y los psicólogos que si es un castigo el estar aquí… pero muchas veces estoy hasta agradecido por estar en la cárcel porque, como les comenté en un principio, afuera no sabía hacer nada, no era una persona responsable, tomaba mucho”.

“Creo que lo hace a uno mejor persona, lo puede tomar uno como un castigo o como un aprendizaje y yo decidí tomarlo como un aprendizaje, no estoy arrepentido de estar en este lugar”.