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¿Primer o Tercer Mundo?

¿Primer o Tercer Mundo?

Jun. 20. 2018. 12:22
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Santiago Roel Rodríguez
Santiago Roel Rodríguez
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Por una parte, tenemos una selección de fútbol que quiere demostrarle a México que podemos ser de primer mundo. Por el otro, un grupo de espectadores borrachos, agresivos y majaderos que hace justo lo contrario: nos demuestra el lado oscuro de los mexicanos.

 

Insultan banderas ajenas, agreden a nacionales o extranjeros, se avientan al vacío desde postes, gritan «Ehhhhh….putos», se burlan de los demás y hasta tiran de su silla de ruedas a un discapacitado ruso, por ponerse una máscara de un candidato mexicano (aparentemente y ojalá sea cierto, las autoridades rusas ya dieron con este imbécil).

 

No son todos los espectadores, son una minoría y suponemos que los más apenados serán los otros espectadores mexicanos que están en Rusia, pero las malas noticias no faltan y vuelan por las redes.

 

¿Qué imagen queremos dar al mundo y a nosotros mismos?

 

¿El de un país «desmadroso» que no sabe comportarse ni en la victoria ni en la derrota? ¿El de un adolescente borracho y con derecho a ofender? ¿O el de un país maduro que se respeta a sí mismo y a los demás? ¿Constructivos o destructivos?

 

Estos ridículos se suman otros muy icónicos de mexicanos en los mundiales de fútbol, como el del mexicano que se mea y apaga la flama al soldado desconocido en Paris.

 

Más de fondo: Tenemos una relación extraña con los sistemas legales. No los respetamos. Como mantra mágico nos repetimos que queremos ser un país de leyes, de Estado de Derecho, pero hacemos todo lo posible por destruirlo.

 

Le gastamos una fortuna a los legisladores para que hagan (cuando hacen) leyes injustas, imprácticas o hasta perversas que nos encanta glorificar y labrar en mármol, para luego no cumplirlas justamente por imprácticas o injustas.

 

El sistema nos vale madre en México. Lo que vale para los mexicanos es la individualidad, la pillería, la audacia, el engaño, la astucia, el chiste, la vacilada, la ocurrencia, la peda.

 

No para todos. La selección hizo un gran esfuerzo por construir un sistema y respetarlo, y ganó el domingo contra toda probabilidad. Eso es lo valioso de esa experiencia.

 

Pero parece ser que no lo acabamos de entender. No respetamos ningún sistema, ni propio ni ajeno.
Y eso es algo que nos debe doler mucho a muchos. Viene una elección importante.

 

¿Qué clase de país queremos ser?

 

¿De primer mundo o el mismo tercermundista de siempre?

 

¿Un país de sistemas inteligentes o de individualidades penosas e intrascendentes?

 

Santiago Roel – Semáforo Delictivo