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El regreso de los muros

El regreso de los muros

Nov. 11. 2019. 11:56
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Santiago Roel Rodríguez
Santiago Roel Rodríguez
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Hace 30 años cayó el muro de Berlín y con él supusimos que caían para siempre los regímenes totalitarios, los nacionalismos exacerbados, los límites a la libertad individual.

Pues no, hoy están de vuelta los muros del populismo y con ellos, el anhelo de un gobierno fuerte.

El Estado es gobierno y sociedad, y siempre habrá diferentes combinaciones en cuanto al papel que juega uno u otro, y diferentes motivos para abogar por un gobierno fuerte que limite la libertad del individuo.


Como lo he explicado en otras ocasiones:

La derecha siempre quiere que el gobierno limite las libertades individuales como la libertad sexual, el derecho a intoxicarse con la sustancia de su preferencia, el derecho al aborto, la libertad de culto, la diversidad de idioma o de color de piel, y cualquier otra libertad que no sea la económica. En economía aboga por la libertad del mercado.

Para la derecha, el individuo es un adulto con plenitud de facultades para escoger el trabajo y la inversión de su preferencia, para navegar en el mercado, pero un incapaz cuando se trata de elegir sexualidad y sustancia psico-activa o si de nacimiento, viene con un color de piel y una religión diferente a la suya.

La izquierda, por el contrario, aboga por todas estas libertades pero se opone a la libertad económica y quiere un gobierno fuerte que limite al mercado. Para ellos, el ser humano es plenamente capaz de elegir lo mejor para su cuerpo, independientemente del color de su piel y su religión, pero un menor incapaz, un imbécil que no sabe cuál trabajo o inversión le viene bien a su vida. Además, creen en un concepto pre-capitalista, extractivo, en donde la riqueza es un pastel que ya existe y que debe repartirse equitativamente entre todos.

Ambas -como vemos- son incongruentes y suponen que un burócrata sabe más lo que es mejor para cada individuo.


Los cambios asustan y mucho ha cambiado el mundo en estos últimos 30 años.

La tendencia a crear un “centro” sensato y pragmático que resista las tentaciones de extremos de derecha o de izquierda se ha caído y hoy vemos el surgimiento de posturas extremas que claman por la necesidad de un gobierno fuerte, encabezado por un líder carismático que les vende soluciones mágicas y juega con las emociones de la masa. Un mago de Oz que los controla mediante la división, el temor y el odio.

Pocos países se salvan de esta tendencia y aun en los que se salvan como Nueva Zelanda o Canadá, vemos extremismos violentos.

En este panorama, yo soy un mega-dinosaurio, a punto de extinguirme, pues soy libertario.

Creo en la libertad individual sobre todas las cosas. Me opongo a los gobiernos “fuertes” que se entrometen en la vida privada de todos con cualquier excusa económica, religiosa, sexual o social.

Creo en la necesidad de un gobierno mínimo encargado de lo más esencial como la seguridad, la justicia y los programas sociales básicos; es decir, la intervención solo en aquellos rubros en donde no hay incentivos privados para lograr un bien para todos. Ese gobierno debe ser vigilado y auditado por todos, en todo momento. Además siempre abogaré por los incentivos positivos y solo respetaré los coercitivos en casos extremos.

Los líderes carismáticos me pican, me dan urticaria. Son narcisos, básicos, infantiles, manipuladores, represivos, controladores, inseguros y muy peligrosos.

Pero lo que más me asusta son los aduladores genuinamente convencidos en ceder su poder personal a un tipejo de tercera, llámese Boris Johnson, Trump, Putin, Bolsonaro, Evo Morales, López Obrador o Nicolás Maduro, y muy dispuestos a atacar ferozmente al resto de los ciudadanos que no están dentro del muro de su secta enfermiza.

Los muros están de vuelta para desgracia del mundo y arriba de esos muros tenemos un grupo de payasos que se creen superiores a los demás.

Santiago Roel R.