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La Democracia no es perfecta.

May. 19. 2019. 10:27
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Santiago Roel Rodríguez
Santiago Roel Rodríguez
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La democracia no es perfecta, no, nunca lo ha sido. Ningún país puede presumir de ello, pero lo interesante es que – a diferencia de otros sistemas de gobierno lo reconoce, y eso es lo que la hace valiosa.

El demócrata sabe que el sistema es imperfecto, que está operado por personas con ambiciones personales y que la concentración de poder es peligrosa.

Por eso fomenta la división de poder, la libertad de expresión, la aceptación de la crítica, la pluralidad, los derechos de las minorías, el profesionalismo del sistema civil y la competencia política; y cuenta con mecanismos para la defensa del individuo ante el poder.

Es en resumen, es un sistema que reconoce la complejidad: que permite el libre flujo de la información y la libertad de actuación, dos condiciones básicas para que emerja el orden complejo.

Es un mecanismo de auto-corrección que no contienen otros sistemas políticos, por eso Putin, Erdogan, Maduro, Kim Jong Un, Raúl Castro y tantos otros dictadores, siguen en el poder abusando de sus sociedades.


Entre más avanzada es la democracia, mejores son sus sistemas de auto-corrección.

Si la información deja de fluir o se suprime la libertad de actuación de los individuos se frena la evolución del sistema.

El pensamiento crítico es fundamental, si la sociedad no entiende esto, ha perdido la noción de la democracia y está permitiendo la concentración del poder político en un partido o en una persona, con todos los abusos y errores que ello implica.

Ese es el canto de las sirenas que nos venden los autócratas:

“No creas en el sistema, cree en mí. No pienses que el sistema te resolverá tus problemas, sólo yo puedo hacerlo.”

En el fondo, hay una diferencia muy básica. Mientras el dictador piensa en personas -sobretodo la suya- el demócrata piensa en sistemas.

El dictador vende la idea de que el ser humano es bueno por naturaleza y que él lo representa. Los malos para el dictador son los que no lo apoyan, los que son “moralmente inferiores”.

El demócrata, en cambio, sabe que el ser humano está muy limitado, que siempre sigue sus propios intereses y que si tiene oportunidad de abusar del poder, lo hará. Por ello es necesario un sistema que divida al poder y le dé voz a la pluralidad. La democracia no cree en las personas, cree en el sistema y lo trabaja.

Además de la gran ignorancia económica y administrativa de AMLO, lo que preocupa es justamente eso: su afán de cerrarse la crítica. No la permite ni entre su propio equipo. Es un actitud que sus seguidores más acérrimos siguen con vehemencia. El opositor por excelencia se ha convertido en el dictador por excelencia.

Con apenas 20 años de democracia, México corre el riesgo de regresar a la simulación de la democracia que padecíamos antes.


¿Muy fallida la democracia en México? Eso está por verse.

Creo que hay suficiente afán crítico en la sociedad, por eso votaron en contra de los partidos; ante la falta de resultados, esta crítica no tarda en lanzarse contra la actual administración.

Los medios y las redes -sobretodo el Twitter– son muy críticos contra AMLO. Los clichés de la 4T van perdiendo terreno ante la evidencia. Las maromas de los seguidores para justificar al presidente cada vez tienen más grado de dificultad y menos aplausos. Los partidos de oposición están muy desacreditados, pero los ciudadanos no.

Es una buena oportunidad para corregir. Entre más rápidamente entienda esto la sociedad, más rápidamente se pueden neutralizar los riesgos de caer en el abuso del poder, justamente, lo que se pretendía cambiar.

Poco a poco se va viendo que la austeridad de nada sirve si es cancha libre para el despilfarro y el clientelismo; que la lucha contra la corrupción es falsa si no se denuncia a los culpables y si se crean nuevos corruptos, y que la estupidez -como decía Lin Yutang- es más peligrosa que la perversidad. Si además va acompañada de soberbia, es letal.

Oportunidad de cambio fallida para AMLO, oportunidad de cambio profundo para la democracia mexicana, que aun con todos sus defectos, sigue siendo democracia, precisamente porque los reconoce.


Santiago Roel, es Director de Semáforo Delictivo, un proyecto social ciudadano para la paz en México. Se alimenta de denuncias ciudadanas valientes y de esfuerzos de transparencia de autoridades responsables.