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“Apenas estamos empezando a desenterrar la verdad”

“Apenas estamos empezando a desenterrar la verdad”

Jul. 01. 2019. 13:39
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Rodrigo Caballero Díaz
Rodrigo Caballero Díaz
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Aquila, Michoacán.-

“Ellos no buscan porque no tienen a ningún desaparecido, si conocieran el dolor de un desaparecido estuvieran buscando como deberían, pero no lo conocen”

aseguró la señora Evangelina Contreras Ceja.

La mujer estaba reclamándoles a los expertos de la Dirección de Servicios Periciales por no haber hecho bien su trabajo y haber salido con las manos vacías de la fosa que ella misma encontró usando sus propios recursos.

Los oficiales de la Fiscalía General del Estado de Michoacán (FGE) solamente recibían el regaño y miraban incrédulos como familias de víctimas de personas desaparecidas rescataban 43 restos óseos de entre la tierra que ellos ya habían revisado.

Y es que cuando los peritos levantaron el acordonamiento de la fosa, una de las madres, Tranquilina Hernández Lagunas, no lo pensó dos veces y se metió para seguir buscando entre la tierra algo que le diera esperanza a su compañera de lucha.

“Mi objetivo era encontrar algo, lo que fuera, encontrando algo podíamos seguir limpiando, cribando la tierra, y demostrarles que sí había algo ahí, porque nosotros sabíamos que sí había algo ahí”

narró la madre.

Tranquilina dice que se sentía frustrada por ver la forma de trabajo de los peritos, quienes no permitían ver lo que hallaban en la fosa, algo que para los familiares de personas desaparecidas resulta inaceptable, pues son ellos quienes llevan a las autoridades al lugar para que hagan su trabajo.

El personal de la FGE recogía indicios sin enseñárselos a nadie y los embalaba adentro de la misma fosa clandestina que localizaron las familias en Tizupan, una población costera del municipio de Aquila, en la región Sierra-Costa del estado de Michoacán.

Así que en cuanto los peritos se retiraron diciendo que ya habían terminado y no encontraron nada, Tranquilina se metió adentro de la fosa en una carrera contra el tiempo antes de que la Fiscalía del Estado decidiera irse del lugar sin haber hecho su trabajo.

Con desesperación empezó a rascar la tierra a los lados de la fosa y luego en el fondo hasta que segundos después encontró un pequeño hueso, una falange del dedo de una mano; familiares, reporteros y peritos se arremolinaron para verlo; la búsqueda apenas comenzaba.

“Se me enchinó el cuerpo, yo estaba temblando cuando estaba mostrando, es decir, sí eres tú, aunque sea con este pedacito es una satisfacción para tu mamá, es una lucecita en su camino”

recordó Tranquilina en entrevista.

El personal de la Fiscalía dejó de guardar sus cosas y los familiares tomaran la iniciativa de la búsqueda, entre la tierra que ya habían revisado las autoridades encontraron otra falange y un fragmento de hueso, los directores del área de periciales veían atónitos la rapidez con la que las familias trabajaban.

Una de las claves de los hallazgos fue el uso correcto del cernidor, cuando los peritos trabajaron este cuadro de madera con una red de metal estaba colocado a 45 grados del suelo y las paladas de tierra resbalaban llevándose consigo los huesos que no podían ver, pero cuando las familias lo utilizaban estaba completamente horizontal.

Entre 8 personas trabajaron durante una hora hasta que localizaron 43 restos óseos: dos sostenían y cernían la tierra, uno ponía paladas de tierra sobre el cernidor y otros cuatro la inspeccionaban para separar las piedras, los terrones, las hojas, el excremento y los huesos.

En total encontraron 65 indicios entre huesos, ropa, botones, monedas, casquillos y ojivas de bala calibre 7.62×39 que son utilizados por el fusil de asalto tipo AK-47, una de las armas más comunes entre el crimen organizado que opera en la zona de la Sierra-Costa del estado de Michoacán, la FGE localizó apenas 9 de esos 65 objetos.

“No nos podemos ir conformes con lo que ellos nos dicen, la compañera tiene la esperanza de saber qué pasó con su hija y nosotros tenemos que buscarla”

dijo Tranquilina, quien fue una de las coordinadoras de la Quinta Caravana Internacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas en Michoacán.
“Apenas estamos empezando a desenterrar la verdad”

Las fosas del Estado

La historia de las fosas clandestinas durante la época actual comenzó precisamente en Michoacán, la primera de la que se tiene registro fue desenterrada el 7 de septiembre de 2006.

Ocurrió en la localidad turística de Angahuan, en el municipio de Uruapan a 140 kilómetros de la ciudad de Morelia, donde la policía encontró a seis hombres maniatados, semi desnudos, con los ojos vendados y la yugular cortada.

Así lo documentó el proyecto “A dónde van los desaparecidos” de Quinto Elemento Lab que hizo la recopilación de mil 978 entierros clandestinos localizados en 24 estados de México entre 2006 y 2016.

Otras 76 fosas clandestinas aparecerían durante la siguiente década y de ellas las autoridades y los grupos de autodefensa sacarán 132 cuerpos, la mayoría sin reclamar volvieron a la tierra, a terrenos que la Fiscalía del Estado usa arbitrariamente como fosas comunes.

Una de estas fosas cavadas por la misma Fiscalía también fue desenterrada por los miembros de la Quinta Caravana de Búsqueda de Personas Desaparecidas en el municipio de Zitácuaro.

Todos los involucrados recibieron llamadas de las autoridades el sábado 4 de mayo de 2019, cuando se descubrió que una persona desaparecida estaba entre los muertos no identificados que la Fiscalía Regional de Zitácuaro había enterrado en una fosa común del camposanto de la tenencia de Chichimequillas.

La familia del hombre de 31 años fue convocada por la FGE para ver los archivos del Servicio Médico Forense (Semefo) que se iban a proyectar en el auditorio del Palacio Municipal de Zitácuaro; ahí se dieron cuenta de que uno de los cuerpos tenía tatuajes similares a los de su desaparecido.

El hombre desapareció el 15 de abril de 2019 y su familia llevaba buscándolo desde entonces con la esperanza de localizarlo con vida pero según el reporte del Ministerio Público murió asesinado en el municipio de Zitácuaro y lo habían inhumado apenas dos días antes, el jueves 2 de mayo.

A través de un funcionario de la CNDH los familiares se dieron cuenta de que entre los cuerpos no identificados estaba su desaparecido y a partir de ese momento todas las instituciones gubernamentales se coordinaron para sacarlo de la fosa común y regresarlo con su familia.

La Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (CEEAV) contactó a los funcionarios municipales necesarios para que en menos de cinco horas desde que se hizo el hallazgo el cuerpo fuera exhumado del panteón y fuera entregado a sus familiares, quienes quedaron impactados por la rapidez del trámite luego de varias semanas de lenta búsqueda.

La FGE llamó a un grupo de peritos y agentes del ministerio quienes llegaron al panteón ya con los documentos necesarios para desenterrar al desaparecido cerca de las 20:00 horas del sábado 4 de mayo, extrañando a vecinos y a los trabajadores de la funeraria que contrataron para poner el cuerpo en un ataúd y trasladarlo a otro panteón.


“¿Pero sí es legal?”, se preguntaban una y otra vez los enterradores que no estaban acostumbrados a la rápida forma de actuar de autoridades municipales y agentes de la FGE, quienes sin hacer preguntas llegaron directamente a la fosa común para desenterrar cuatro cuerpos y volver a enterrar tres.


La fosa común era un área sin identificar entre dos tumbas particulares en la sección más alejada del panteón de la tenencia, una zona que según el cuidador del cementerio los agentes ministeriales usan frecuentemente para inhumar los cuerpos de las personas no identificadas.

Por miedo a lo sobrenatural y una “mala espina” por la hora de la exhumación, el velador se fue del panteón dejando el candado abierto para que los agentes del Ministerio Público lo cerraran cuando acabaran de sacar el cuerpo del cementerio, incluso la funeraria se negó a realizar el entierro del cuerpo en otro panteón por lo inusual del caso y la familia por sus propios medios tuvo que cavar la tumba al filo de las 23:30 horas de aquel sábado.

Este fue el primer hallazgo que hizo la Quinta Caravana de Búsqueda luego de exigir que se abrieran los archivos del Semefo y en el que la coordinación de autoridades estatales y municipales permitió que en tiempo récord se entregara el cuerpo del hombre que había estado desaparecido durante 20 días.

“Apenas estamos empezando a desenterrar la verdad”

Triple desaparición

El caso que consolidó a la Quinta Caravana para la búsqueda de fosas clandestinas fue el de Evangelina Contreras Ceja, su hija, Tania Contreras Ceja, fue desaparecida junto con su padre, Cenobio, el 11 de julio de 2012, cuando un comando se la llevó de enfrente de su casa en la tenencia de Caleta de Campos, del puerto de Lázaro Cárdenas.

Desde entonces Evangelina tuvo que huir del lugar por haber sido amenazada y a lo lejos busca a su hija integrándose a movimientos como el de la Caravana Internacional y el colectivo Familiares Caminando por Justicia del estado de Michoacán.

Evangelina se enteró por un familiar que estuvo en las autodefensas del municipio de Aquila, que el 24 de diciembre del 2014 habían desenterrado dos cuerpos en un potrero de la localidad de Tizupan, un hombre y una mujer, y el varón traía botas de gamuza como las que solamente Cenobio usaba en el caluroso clima de la Costa Michoacana.

El hallazgo lo hizo personal del Ministerio Público del vecino municipio de Coahuayana por lo que de inmediato se trasladó para reclamar los cuerpos, pero cuando llegó le negaron información alguna y los ministeriales aseguraron que eso nunca había sucedido, así que Evangelina se dedicó a buscar la fosa por sus propios medios.

Luego de recopilar información llegó hasta el potrero y encontró que la fosa nunca fue clausurada y adentro de ella había ropa y un hueso que ella identificó como una rótula de la rodilla, sin embargo, tuvo que esperar más de un año para que hubiera condiciones de seguridad para regresar.

Evangelina pidió que la Quinta Caravana volviera a este lugar para seguir buscando los huesos de quien pudiera ser su hija, luego de que el Ministerio Público desapareció los cuerpos que encontró en el lugar, por eso los caravaneros estaban seguros de que iban a localizar algo y se enojaron cuando la FGE se iba a ir con las manos vacías.

“Si ya habían desaparecido los cuerpos que sacaron, Eva no pudo comprobar que sí era su hija porque los volvieron a desaparecer, y ella tenía la ilusión de encontrar ahí algo que la pudiera llevar a su hija, entonces yo no me podía venir sin antes entrar ahí y ver con mis ojos que realmente no había nada y hace lo que hicimos al final, limpiar bien la fosa”

dijo Tranquilina en entrevista.

Por eso Tranquilina se lanzó sin pensarlo a la fosa, para tratar de llenar de esperanza a Evangelina, porque ella también tiene una hija desaparecida, Mireya Montiel Hernández, quien desapareció a los 18 años en el estado de Morelos el 13 de septiembre del 2014, unos meses antes de que los peritos de Coahuayana desaparecieran los cuerpos que encontraron en Tizupan.

“Encontrar para mí son sentimientos encontrados, porque no quieres encontrarlos así, pero en este caso sí queríamos encontrarlos porque ya sabíamos que lo desaparecieron dos veces y esta vez iban a ser tres veces, una tercera vez eso no puede ser, no importa si hay que enseñarles cómo se trabaja”

aseguró Tranquilina.

Con los huesos que encontraron ahora sólo queda la esperanza de que aun tengan material genético para comparar el ADN con el de Evangelina, lo que no pudieron hacer con los cuerpos que desaparecieron, y así poder comprobar si se trata o no de su hija desaparecida.

“Voy a seguir luchando porque se analicen las muestras de ADN para saber si es mi hija, esto no se termina hasta que no sepa si mi hija está en esas fosas, o en alguna otra de las que sabemos que hay, apenas estamos empezando a desenterrar la verdad”

aseguró Evangelina.
“Apenas estamos empezando a desenterrar la verdad”