“Estoy desapareciendo junto con mi hijo”

“Estoy desapareciendo junto con mi hijo”

Nov. 28. 2018. 12:31
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Rodrigo Caballero Díaz
Rodrigo Caballero Díaz
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Morelia.- Dos patrullas de la Policía Michoacán seguidas de una camioneta blindada serpenteaban entre las estrechas calles del pueblo mágico de Tacámbaro, en un operativo que no había sido planeado por ninguna autoridad sino por un grupo de personas.

Tacámbaro es el último puerto templado antes de entrar a Carácuaro, Nocupétaro, Huetamo y La Huacana, de ahí que se le conozca como el balcón de la Tierra Caliente, una población de 25 mil habitantes ubicada a 100 kilómetros de la ciudad de Morelia.

Las calles de la cabecera municipal tienen vueltas, subidas y bajadas en las que las camionetas apenas pueden maniobrar y en muchas ocasiones el operativo se detenía porque los vehículos eran demasiado grandes para las vialidades que se encontraban.

Era un espectáculo fuera de lo común para la población, más de alguno salió a ver cómo un convoy cruzaba por el pueblo sin las sirenas ni las torretas prendidas pero sí haciendo escándalo por el chillido de las llantas cuando se encontraban con las extrañas vueltas del pueblo.

Los municipales guiaban el camino: entraron por la calle de Corregidora, luego a la izquierda por Carlos Salazar, luego derecha Madero Poniente y otra vez derecha siguiendo por 16 de Septiembre hasta el final en donde con una vuelta en L se convierte en Granaditas y de ahí la vía hace un columpio con el que se llega a la colonia El Magisterio.

La calle Mariano Matamoros a la derecha de Granaditas es un callejón sin salida, ahí llegó el convoy de camionetas, los policías se bajaron y establecieron un perímetro alrededor de un taller mecánico, el dueño estaba en la puerta y venían por él.

Ocho años de búsqueda

En algún momento luego de seis meses de buscar a su hijo, a Ana Luisa Romo Díaz se le acabaron las fuerzas, la fatiga física y emocional de ser la única interesada en que su hijo volviera a casa la desgastó al punto de que paró en seco cualquier esfuerzo por encontrarlo durante siete años.

No tenía aliados, La Fiscalía General del Estado de Coahuila nunca aceptó la denuncia por la desaparición de Noé Antonio Méndez Romo, el joven de 18 años que el 27 de junio de 2010 salió de su casa para visitar a su novia y nunca regresó.


“Su desaparición fue como si se lo hubiera tragado la tierra, Noé tenía como tres o cuatro días que había renunciado a su trabajo, yo creo que por miedo porque esos tres o cuatro días que estuvo en casa no quiso salir ni a la tienda”, narró Ana Luisa.

Su madre tiene la idea de que lo andaban siguiendo, dice que tenía miedo que probablemente por eso dejó su trabajo en Sanborns y que mientras estaba asustado se le ocurrió la idea de enlistarse en el Ejército Mexicano para salir de Torreón, Coahuila.

El lunes iba a preguntar los requisitos para enrolarse pero antes, el domingo 27 de junio de 2010, se fue de Gómez Palacio a Torreón a ver a su novia, llegó por la tarde y salió de la casa de su novia a las 21:30 horas, eso fue lo último que supieron de él.

Su madre no sabe si tomó el camión que tarda 40 minutos en llegar de Torreón a Gómez Palacio o si hizo el trayecto de 10 minutos de la parada a su casa, no sabe si se lo llevaron en alguno de estos dos puntos.

Lo que sí sabe es que en aquella época la violencia azotaba a estas ciudades vecinas que a pesar de ser de dos estados distintos (Coahuila y Durango) están pegadas una a otra, separadas únicamente por el Río Nazas.

La delincuencia estableció un bloqueo para que nadie cruzara de un lado al otro, un día regresando de su trabajo al taxi en el que viajaba Noé lo interceptó un grupo armado y le advirtieron al chofer que estaba prohibido pasar gente de un lado al otro del río.

Otro día una camioneta negra con vidrios polarizados le aventó las luces a Noé justo cuando se bajó del taxi en las orillas de Torreón, el joven corrió por una calle en la que no pueden pasar los automóviles y llegó asustado a su casa.

¡Apaga las luces y tírate al piso! Le dijo gritando a su madre en cuanto llegó a su domicilio, así duraron varios minutos a oscuras y callados sin saber si los hombres armados iban a entrar a la casa, días después Noé desapareció sin dejar rastro.

Tras horas de búsqueda Ana Luisa se presenta en el Ministerio Público de Gómez Palacio para presentar la denuncia por la desaparición de su hijo, el agente encargado pide la descripción de su hijo y la madre se la da: es joven de un metro setenta de alto y fornido.


“Ahí está señora, por eso se lo llevaron, para trabajar”, dijo el agente como si con su respuesta hubiera resuelto el caso, luego miró la fotografía de Noé y sentenció “y luego tiene cara de malo, por eso se lo llevaron”.

Su denuncia fue admitida en Durango, en Coahuila nunca la aceptaron, Ana Luisa presionó al Ministerio Público aportando todos los datos que tenía a la mano para buscarlo pero algo pasó, anímicamente se cansó y dejó que el tiempo pasara.


“Lo busqué por seis meses, después de seis meses yo empecé a fallar, no sé cómo física y mentalmente, pero empecé a fallar, entonces dejo de buscarlo por siete años, estoy muy arrepentida del tiempo que perdí”.

La caravana de búsqueda

El 5 de noviembre de 2018 comenzó en Michoacán la Cuarta Caravana Internacional de Búsqueda en Vida de Personas Desaparecidas, a lo largo de mil 139 kilómetros la caravana visitó siete municipios de Michoacán: la capital Morelia, Tacámbaro, Lázaro Cárdenas, Apatzingán, Uruapan, La Piedad y Zamora.

Según el listado de los 50 municipios más violentos de México del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) publicado a mediados de agosto de 2018, al menos 5 municipios michoacanos aparecen en esta la lista: Zamora (20), Morelia (23), Lázaro Cárdenas (26), Apatzingán (32) y Uruapan (37), todos ellos fueron visitados por la caravana.

Cada uno con un contexto distinto pero que comparten aspectos como la presencia violenta del crimen organizado y el temor de la población de salir a las calles y denunciar los delitos que comenten.

El movimiento visitó las regiones centro, occidente, costa, sierra y tierra caliente de Michoacán; donde una suma de estrategias de seguridad federales y estatales ha dejado en la indefensión a sus 4.5 millones de habitantes desde que inició aquí la llamada Guerra contra el Narcotráfico el 11 de diciembre de 2006.

Como era una búsqueda en vida, la principal actividad fue visitar los penales del estado, ahí los familiares llevan los rostros de sus desaparecidos para que los internos los vean, con la esperanza de que alguno lo reconozca.

La dinámica es sencilla pero ha mostrado efectividad en el pasado, los familiares hacen una fila y en el suelo ponen lonas con las caras de sus desaparecidos, enfrente pasan los reos y miran cada uno de los rostros, si reconocen alguno les piden datos que les ayuden a localizarlos pero para que funcione tiene que ser anónimo.

Las Personas Privadas de su Libertad (PPL) como legalmente se les conoce tienen que estar seguras de que lo que digan será estrictamente confidencial si no terminan por desconfiar y los datos no sirven, por eso la caravana tuvo que pelear con todos los directores de los penales para impedir cualquier registro de los testimonios.

Cuando un testimonio es relevante se le hace un cuestionario en el que se le pregunta al interno qué tan seguro está de haber visto al desaparecido, si está seguro al 100 por ciento se le piden más datos que ayuden a dar con su paradero, a esto se le llama posible positivo o coloquialmente un “pepe”.

El problema es que los custodios no están acostumbrados a ver a los internos hablar libremente sin vigilarlos, cada que uno de ellos se alejaba del grupo para hablar de un caso en específico se le arremolinaban guardias.

Esto se repitió en varios Centros de Reinserción Social en todo el estado pero fue particularmente problemático en el segundo penal que visitó la caravana: el Cereso “David Franco Rodríguez” de la ciudad de Morelia, el más grande del estado con una población de más de mil 500 personas.

En el lugar los custodios incluso intentaron tomar fotografías con sus celulares de quienes estaban dando información, de los propios familiares, de los reporteros que acompañaban y quienes estaban documentando los casos, lo que generó un conflicto entre la caravana y el director Félix López Rosales, quien no sólo no detuvo esta conducta sino que dijo que era obligación de los guardias seguir tomando fotografías.

En cada una de las ciudades los “caravaneros”, como ellos mismos se conocen, confrontaron directamente a las instituciones del estado pertenecientes al Sistema Penitenciario, al Sistema de Salud y a la Procuraduría de Justicia; que presentaron sus propios los obstáculos a pesar de la orden directa de dar todas las “facilidades”.

A pesar de ello, al final de la caravana encontraron 66 “pepes”, es decir, pistas fuertes que pueden ayudar a resolver 66 casos de desaparición forzada, además documentaron 51 nuevos casos que no habían sido denunciados nunca por miedo a represalias.

En el Cereso para Delitos de Alto Impacto Número 1 de la ciudad de Morelia y en el Cereso “David Franco Rodríguez” hubo un caso que resaltó de todos los demás, dos internos uno de cada uno reconocieron entre las rostros el de Noé, el joven fornido de 18 años que desapareció en Coahuila.

Cuando se acercan a documentar los dos reos en penales distintos dicen la misma versión, lo vieron trabajando de ayudante en un taller mecánico, estaba en una calle que se llama El Magisterio, en el municipio de Tacámbaro, Michoacán.

La búsqueda continúa

Cuando hay un perímetro establecido por la policía en la colonia El Magisterio de Tacámbaro bajan de la camioneta blindada miembros de la Caravana de Búsqueda acompañados por funcionarios de la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas.

Una y otra vez el dueño del taller mecánico niega con la cabeza, dice que no sabe nada, que ningún joven que se parezca a Noé ha trabajado para él, que no puede ayudarlos y que si sabe de algo está dispuesto a cooperar.

Ana Luisa lo cuestiona, acompañada de Julio Sánchez Pasillas, coordinador de las caravanas de búsqueda en todo el país, le pide que diga la verdad, pero el mecánico se mantiene en la misma historia.

Luego del interrogatorio se dispersan en las casas aledañas, preguntan a los vecinos, a los niños que juegan en la calle, a los dueños de las tienditas que hay alrededor pero algo está fuera de lugar, los policías se desaparecen y dejan solos a los “caravaneros”.


“Nos están vigilando”, dice Julio Sánchez, con una tranquilidad que contrasta con la información que acaba de darles a los demás buscadores, al final la pista se enfría, los policías regresan y conducen a la caravana a otro taller mecánico cercano.

El resultado es el mismo pero a los miembros de la Caravana de Búsqueda los asalta una duda, los internos dijeron calle Magisterio en la colonia Guadalupe no dijeron colonia Magisterio pero los policías negaron conocer la colonia Guadalupe, a pesar de eso el rastro se pierde y por este día los caravaneros dejan de buscar.


“Me voy con esa duda pero también me voy con la gran esperanza de que puede ser cierto que esté aquí en la ciudad de Tacámbaro, Michoacán, ahorita lo que sigue es dejarle de tarea a Comisión de Víctimas y buscar un Ministerio Público”, aseguró Ana Luisa.

“Hace rato también en el Cereso se acerca un joven y me dice ‘madre, tenga la esperanza de que él va a aparecer’, y yo le digo tiene que aparecer, por qué, porque yo soy una mamá muerta en vida y porque estoy desapareciendo junto con mi hijo”.