fbpx

Michoacán, el estado de las fosas eternas

Nov. 13. 2018. 09:32
  |  
Rodrigo Caballero Díaz
Rodrigo Caballero Díaz
Compartir

Morelia.- Michoacán es el único estado de la República Mexicana que tiene fosas clandestinas registradas desde 2006, así lo demostró el proyecto “A Dónde Van Nuestros Desaparecidos”.

 

La investigación de un grupo de periodistas financiada por Quinto Elemento Lab en la que participaron plumas como Alejandra Guillén, Mago Torres y Marcela Turati pudo demostrar que este fue el único estado en el que ya se practicaba esta técnica de desaparición antes del inicio de la llamada Guerra contra el Narcotráfico.

 

A través de seis solicitudes de información (778617, 774117, 773917, 772817, 288917, 288717) los periodistas obtuvieron datos que les permitieron establecer que Michoacán es una entidad con fosas clandestinas casi eternas entre 2006 y 2016, la primera década del conflicto armado.

 

La Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) reportó que entre 2006 y 2016 localizaron 76 fosas con 132 cuerpos y de esos apenas 67 ya fueron identificados. También localizaron restos óseos de 16 personas y 3 ya fueron identificados.

 

Y sin embargo aquí no se hablaba de fosas clandestinas hasta que los grupos de autodefensa entraron a la capital de la Tierra Caliente, Apatzingán, la joya de la corona de los Caballeros Templarios cayó el 26 de octubre de 2013.

 

Los malandros, los mañosos de Michoacán estaban más acostumbrados a tirar en la calle los cuerpos de sus contrincantes ya sea para mostrar músculo o como una advertencia en contra de quienes no se dejaban gobernar por el crimen organizado.

 

Durante años quienes desaparecían volvían al día siguiente: totalmente envueltos en una cobija o totalmente destapados sin ropa, sin brazos, sin pies, sin alma y sin que nadie pagara por lo que les hicieron.

 

Pero todo cambió en 2013, la irrupción de autodefensas visibilizó un fenómeno que parecía que no pasaba en la superficie pero que debajo de la tierra era un testigo mudo de la violencia.

 

La población en general, apoyándose en la confianza que le tenían a los grupos de autodefensas y en organizaciones creadas al calor de la lucha armada como el Consejo Ciudadano Responsable de Impulsar un Sano Tejido del Orden Social (CCRISTOS) soltó la lengua y contó que en Michoacán las fosas sí existían.

 

Así fue como la comunidad de El Alcalde en el municipio de Apatzingán tuvo una oportunidad de oro para sacarse de su pecho lo que sabía: el lugar de una fosa que resultó ser la más grande de Michoacán.

 

 

El alcalde

El pueblo tiene 460 habitantes distribuidos en 144 viviendas, un lugar donde solamente el  por ciento de la población sabe leer y escribir y donde estadísticamente es más fácil encontrar un AK-47 que una computadora personal.

 

Los cuerpos eran cortadores de limón de dos familias distintas con edades que iban desde los 73 años hasta los 3 meses, todos fueron tratados de la misma forma y asesinados a balazos antes de que una máquina los escondiera bajo tierra.

 

Sus nombres eran Fernando José Cortés Torres, de 13 años; Luis Enrique Cortés Torres, de 18 años; María de Jesús Cortés Torres, de 7 años; Víctor Cortés Silva, de 44 años; Cruz Emmanuel Cortés Loya, de 3 meses; Jorge Luis Carranza Jaimes, de año y medio; Víctor Manuel Cortés Torres, de 20 años y Evaristo Cortés Torres, de 23 años.

 

En la misma fosa los grupos de autodefensa y las autoridades locales encontraron a Diana Jaimes Rivera, de 19 años; a María Victoria Loya Calderón, de 19, a Felipe Cázares González, de 73; a Alicia Torres Marín y a Abelino Carranza Magaña, ambos de 38 y tres más que nunca fueron identificados

 

Todos ellos asesinados a tiros porque la barbarie no permite testigos, La fuente ovejuna de El Alcalde dice que vieron algo que no debieron haber visto, presenciaron algo en un lugar en donde el silencio y la ceguera salvan más vidas que los chalecos antibalas.

 

“Ellos vieron algo, eso pasó, no hay de otra, en ese momento era muy peligroso ver, oír, buscar, saber algo y hasta estar en el lugar equivocado, esa familia murió por eso”, dijo el padre José Luis Segura en entrevista exclusiva para IDI Media.

 

El padre cree que fosas como las de El Alcalde son más comunes de lo que los michoacanos están acostumbrados, y que solamente basta con ir a Aguililla, Parácuaro, Buenavista Tomatlán y Aquila.

 

Pero también aseguró que la ventana de oportunidad se cerró, las autodefensas permitieron dar un vistazo a la barbarie que ahora volvió a las sombras, y pasará mucho tiempo para saber de algo como El Alcalde.

 

-¿Hay más fosas como la de los cortadores de El Alcalde? – se le pregunta.

-Muchas… muchas –responde.