Vimos a mi marido muerto en la televisión luego de los granadazos

Vimos a mi marido muerto en la televisión luego de los granadazos

Sep. 15. 2018. 00:50
  |  
Rodrigo Caballero Díaz
Rodrigo Caballero Díaz
Compartir

Morelia, Mich. a 15 de Septiembre 2018- Antes de 2008, la ceremonia del Grito de Independencia en la Plaza “Melchor Ocampo” de Morelia era un evento familiar que abarrotaba el primer cuadro de la ciudad con familias.

 

Aunque era televisado eso no impedía que miles de personas acudieran al Centro Histórico para gritar “Viva México” junto a las autoridades estatales acomodadas en el balcón del Palacio de Gobierno.

 

El centro estaba lleno de gente y la familia Sánchez Castillo tuvo qué separarse para buscar estacionamiento, el padre de familia, Alfredo Sánchez, se adelantó para guardarles lugar a sus dos hijas, a su esposa y al novio de su hija que los acompañaban a “dar el grito”.

 

“No te preocupes, vayan a estacionarse, yo aquí las espero”, fueron las últimas palabras que intercambiaron con Alfredo, quien se quedó parado en la esquina de Quintana Roo y Francisco I. Madero justo frente a la Iglesia de la Merced.

 

Cuando regresaron de estacionarse el caos del lugar las confundió, había muchas patrullas y policías, había gente celebrando pero también había gente corriendo, doña Margarita Castillo no tenía idea de lo que había pasado.

 

-Oiga qué pasó –le preguntó a un policía pero no les decían nada y hasta las aventaba.

-Por su propia seguridad retírense –contestó el oficial.

-Pero qué pasó –insistían las mujeres mientras empezaban a ponerse nerviosas.

 

Dieron una última vuelta por el lugar que poco a poco se transformaba en una escena del crimen, paramédicos y militares comenzaron a llegar y el ambiente festivo dejó de sentirse, las patrullas con sirenas aturdían a los presentes.

 

La familia caminó por la avenida Madero hasta el Colegio de San Nicolás y de ahí ya no pudieron pasar adelante, ya estaba acordonada el área por elementos del Ejército Mexicano, así que decidieron volver al último lugar en donde vieron a Alfredo.

 

Para entonces les había quedado claro que ya nada era fiesta, la gente se amontonaba para huir, cada vez vieron a más personas con sangre en la cara y entonces presintieron que Alfredo había resultado herido.

 

“Permítame pasar para ver si entre los heridos está mi marido”, nada el militar le impidió el paso, “qué pasó”, el militar se le quedó viendo y le dijo que habían lanzado una bomba.

 

“Una bomba, yo me imaginé que era una bomba de gas lacrimógeno porque había habido una riña”, dijo doña Margarita pero el mismo militar le dijo que no, había sido una granada de fragmentación.

 

El militar cedió, dejaron que el novio de su hija pasara junto a los paramédicos a buscar al Sr. Alfredo entre los heridos, entre los muertos y nada, volvió sin noticias.

 

“Nomás andamos dando vueltas y con suerte mi papá ya está en la casa”, sugirió una de sus hijas, todas se fueron en el automóvil familiar; “yo venía un poquito nerviosa pero yo todavía podía manejar”, recordó doña Margarita.

 

Llegaron a la casa y la televisión les confirmó que lo que había pasado no era un accidente sino un atentado, no había sido una sola granada sino dos en distintos puntos del Centro Histórico, además prometían dar detalles de los heridos.

 

“No te vayas a ir a dormir, a ver si alcanzas a ver si ponen lista de heridos”, le dijo Margarita a una de sus hijas, pasaban los minutos y CB televisión transmitía sin editar las imágenes de la masacre.

 

Alfredo apareció encima de un charco de sangre, su hija fue la primera en verlo y lo reconoció al ver sus tenis, saltó del sillón, comenzó a llorar y su madre no entendía, ella no había alcanzado a verlo.

 

“Te lo juro que era él, cómo crees te confundiste y ella me decía le vi su ropa, sus tenis, te lo juro que era él, le pasaron la cámara”, narró Margarita, mientras trataba de calmar a su hija pero una segunda imagen confirmó todo, el mismo charco de sangre, los mismos tenis, era él.

 

La madre perdió la noción del tiempo, recuerda que la vecina llegó a media noche a tranquilizarlas, les apagó la televisión porque seguían gritando, mientras tanto la familia se puso en contacto y la noticia de la muerte se supo entre todos.

 

“Cuando menos acordé yo ya estaba en la procuraduría”, recordó Margarita, acudieron a buscar el cuerpo de su esposo y ahí estaba, Alfredo fue una de las víctimas de los granadazos del 15 de septiembre de 2008, murió instantáneamente.

 

Murió esperando que toda su familia lo acompañara a ver el Grito de Independencia, cayó víctima de una granada en la esquina de Quintana Roo y Francisco I. Madero y su familia lo reconoció en la televisión.