Supervisará AMLO hospitales de Michoacán

La tercera es la vencida

Sep. 22. 2020. 14:14
  |  
Redacción IDI Media
Redacción IDI Media

PUNTO NEURÁLGICO / Luis Sigfrido Gómez Campos

Acabo de leer una reflexión en el chat respecto a dos formas de estar en desacuerdo con el presente: la primera, quedarse anclados al pasado mirando siempre hacia atrás, y la segunda, mirando hacia el futuro, hacia lo no conocido, sin temor a lo incierto, dice el texto, pero con la esperanza de poder encontrar algo mejor. Terminaba el pequeño texto diciendo, que hay quien decide, por seguridad, vivir enganchado al pasado que, aunque falso y mentiroso, brinda certeza, sin atreverse a inventar algo nuevo, un país, por ejemplo, culminaba el texto.


Y un cibernauta entusiasta no se aguantó las ganas de añadir su aporte político y dijo que la historia la construían las masas, a partir de la necesidad histórica; habló del ejercicio de la crítica como arma ideológica, o algo más o menos así decía, y culminó hablando de períodos sociales de degradación de la historia (saltos pa’tras), dijo, refiriéndose al neoprianato, una supuesta recomposición de los partidos de la oposición que hoy constituyen una minoría electoral en nuestro país.


En fin, que tratándose de especulaciones de dos amigos en el ciberespacio me doy cuenta de que esta disyuntiva, la del pasado y el futuro, independientemente de la mayor o menor capacidad intelectual para discurrir sobre el tema, es la piedra angular sobre la que giran todos los problemas de nuestro presente.


Veamos. ¿Será cierto que desde hace seis sexenios (toda una generación) nuestro país vivió una época de gobiernos neoliberales que privilegiaron los intereses de las clases económicamente más poderosas?; ¿Será cierto que durante este período los políticos dilapidaban el erario público de manera dispendiosa?; ¿Es cierto que los gobernantes durante ese tiempo fueron muy corruptos?; ¿Es cierto que la política económica de esos gobiernos neoliberales acrecentó la miseria en México?; y, por último, ¿Es cierto que no había democracia durante toda esa época en nuestro país?


Si contestamos con honestidad a cada una de las interrogantes formuladas en el párrafo anterior nos daremos cuenta que lamentablemente tendríamos que responder de manera afirmativa, porque nuestro presente, el presente que heredamos, tiene enormes desigualdades y contradicciones que son producto de una política económica errática de, por lo menos, la época del neoliberalismo.


La enorme brecha de desigualdad: mucha riqueza acumulada en pocas manos y los millones de desposeídos que viven en la extrema miseria son la prueba viviente de que se gobernó para incrementar la riqueza de unos cuantos a costa de millones de pobres.


El que los mexicanos tengamos una deuda externa de 12.07 billones de pesos, contraída para gastos suntuosos como una gran estela de luz en una de las principales avenidas de la ciudad de México y un avión presidencial exorbitantemente caro, sólo por poner dos ejemplos, son prueba fehaciente de cómo se derrochaba el dinero del pueblo.


La detención de muchos políticos mexicanos que han sido sometidos a juicio por haber adquirido mansiones, ranchos, departamentos de lujo en el extranjero y otros tantos que, aunque ha sido exhibida su riqueza insultante, obtuvieron su libertad y se les devolvieron sus bienes porque el sistema jurídico mexicano había sido diseñado para que evadieran la acción de la justicia, son una mínima prueba de la gran corrupción que existió durante esta época.


Y a pesar de los grandes empréstitos que se consiguieron “para poder gobernar mejor” durante esos regímenes del neoliberalismo, el dinero se quedó en las altas esferas del poder o en apoyos y rescates a los grandes empresarios, todo, según se decía, para la buena marcha de la economía. Pero al pueblo, a los pobres, jamás llegaron los beneficios de esa deuda contraída por la nación.


¿Pero había democracia? Todos los adultos recordamos la caída del sistema en las elecciones de 1988, el gran fraude orquestado en contra del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas; y recordamos también el fraude en Michoacán de 1992, cuando se vulneró la voluntad del pueblo para que Cristóbal Arias Solís no llegara a la gubernatura; y también recordamos los dos fraudes que se hicieron para que Andrés Manuel López Obrador no llegara a la Presidencia de la República. Esas son pruebas tangibles de que el ejercicio de la democracia durante ese período neoliberal no era más que una simulación.


Con la llegada a la presidencia de la república de Andrés Manuel López Obrador, en su tercer intento, se ha pretendido impulsar un cambio radical mediante la 4 T, que desarticule los viejos esquemas políticos del pasado acabando con la corrupción, implementando medidas de austeridad republicana, privilegiando a las clases más desprotegidas y democratizando al país.


Pero hay quienes viven anclados en el pasado buscando una seguridad imaginaria, sin mirar hacia un futuro que podría ser más promisorio y esperanzador si nos atrevemos a inventar algo nuevo, un nuevo país, por ejemplo.


Andrés Manuel López Obrador nunca cejó en su empeño por llegar a la presidencia de la república, en su tercer intento llegó con el apoyo del pueblo buscando reconstruir al país sobre nuevas bases. Cristóbal Arias Solís, tampoco ha claudicado en su empeño por llegar a ser gobernador de Michoacán para transformarlo, igual que el Presidente de la República, va por su tercer intento. Suele decir nuestro pueblo, que es sabio, que a la tercera va la vencida.

No hay duda de que así será.
[email protected]

Compartir en: